PABLO (primera parte)

Ella era toda vida, era pura alegría, ella era… mi otro mundo, mi otra mitad. Era mi todo…

Y la perdí. La perdí para siempre. Por ser un jodido egoísta, por quererlo todo, por no pensar con la cabeza, por cobarde, la perdí.

Mi nombre es Pablo y soy el mayor imbécil que ha pisado este planeta.

No quiero justificarme con lo que ahora te voy a contar, pero la vida no me lo ha puesto nada fácil y yo aquel día elegí otro camino…

A lo que yo estaba acostumbrado desde entonces era a no rendirle cuentas a nadie ni a dar explicaciones. Yo hacía y deshacía a mi antojo.

Todo empezó cuando mis padres se divorciaron… Yo solo tenía dieciséis años cuando pasó… Antes de que mi vida decidiera cambiar de la noche a la mañana yo era un número uno en el instituto, me gustaba estudiar, tocar todos los temas, pero sobre todo se me daban bien los números. Jugaba bien al fútbol, tenía un grupo de amigos de esos que no se metían en líos y todo para que mi padre estuviera orgulloso de mí… hasta ese maldito día.

Día en el que me levanté y él ya no estaba. Mi padre se marchó para siempre. De eso han pasado ya seis años y desde entonces no he recibido ni una miserable llamada…

Con el tiempo me he hecho más fuerte, pero para eso he tenido que luchar conmigo mismo hasta convertirme en la persona fría y despiadada que soy hoy.

Mi madre después de eso se quedó echa polvo, al igual que yo. Pero con el tiempo ella rehizo su vida…

Mi padre ha sido la primera persona que me ha hecho conocer lo que es la decepción.

Dejé de estudiar e incluso llegué a faltar a clase día sí y día también… La pasión por el fútbol se apagó, dejé de cogerle el teléfono a mis colegas hasta que se cansaron de insistir.

Nadie entendía mi cambio y a mí no me daba la gana de explicarlo. Me convertí en ese chaval vacío y al que todo el mundo teme nada más cruzarse la mirada…

Comencé a salir de noche, a no dormir en casa, empecé a frecuentar los locales donde la fiesta no acaba hasta el día siguiente… Fue ahí donde conocí a esa clase de gente que pasa de todo y la preocupación más grande que hay en sus vidas es que no le falte un jodido cigarrillo o porro en sus bolsillos.
Cada vez que me peleaba con alguien hasta ver sangre en mis manos es cuando me sentía yo…

Pero apareció ella… y algo en mí cambió…


Continuará…

Publicado por Sandra Ruiz

Amante de los libros que me dejan huella. En ocasiones escribo y en muchas otras sueño despierta...

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