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𝙍𝙚𝙘𝙪𝙚𝙧𝙙𝙤 𝙥𝙖𝙧𝙖 𝙣𝙤 𝙤𝙡𝙫𝙞𝙙𝙖𝙧

1. FEBRERO

Viernes, 1 de febrero de 2019

¿Alguna vez te has sentido decepcionada con alguien?

Yo sí, conmigo misma.

Comenzaré por el principio de todo. Por un viaje que tengo que describir porque no quiero olvidar detalle. Necesito recordar las maravillas que han visto mis ojos y las emociones que ha sentido mi corazón desde que puse un pie en el avión. Cuando me senté en mi asiento favorito, junto a la ventanilla… en ese mismo instante en que mi vista se desplazó al exterior de ese pequeño recuadro sentí una punzada de abismo. Hacía ni más ni menos siete años que había dejado de viajar. En todo ese tiempo había dejado de hacer muchas cosas que me apasionaban: había dejado de vivir emociones, de conocer ciertas maravillas que ni siquiera sabemos que están ahí si no las buscamos. Me había convertido en una persona vieja y hogareña cuando yo era de esa clase de personas que cada vez que ponía un pie en la calle era para comerme el mundo. Y todo esto tenía un nombre: Marcos.

Marcos fue durante siete años mi pareja, mi amigo, mi compañero. Esto que os voy a decir, nadie antes te lo hace saber, ni viene en las instrucciones de la vida, ni siquiera sabes que puede llegar a pasar. Nadie te hace saber que la vida es una escuela de sabiduría que con el paso del tiempo vas aprendiendo, que los días te van enseñando y van moldeando tu personalidad, tu forma de pensar y de ver las cosas. La vida te enseña a opinar y a saber lo que está bien o lo que está mal. Te enseña a recapacitar, a escuchar tu propia mente, incluso las necesidades de tu cuerpo. También te enseña a quererte más con el paso del tiempo y a tomar tus propias decisiones, a decidir por y para ti. La vida te enseña a dejarte llevar, pero sobre todo te muestra la manera de cuestionarte constantemente si realmente te apetece. Te preguntas si de verdad quieres seguir con esta vida o si estás preparada para lo que viene a continuación. Y es ahí cuando viene mi respuesta:

―No. No me apetece seguir con esto, ni estoy preparada para lo que viene a continuación. No quiero casarme. Ni quiero tener hijos. Ni me veo compartiendo el resto de mi vida con Marcos porque no me llena lo suficiente como para seguir regalándole más de mi tiempo.

Porque la vida me ha enseñado, con el paso de mis días, que el tiempo es lo más valioso que las personas tenemos en este mundo, y desde hace unos meses me he dado cuenta de que mi tiempo vale oro. De momento, es lo más preciado que hoy por hoy tengo: un tiempo que se agota con el paso de las horas y, por triste que parezca, con un final escrito… Es algo que ya no puedes recuperar y, por muy bien que tú te tomes las cosas, nadie te va a dar la oportunidad de retroceder para que puedas aprovecharlo como realmente quieres.

Es entonces cuando le eché valor y tomé la decisión de dejar a Marcos y de emprender mi nueva vida como solo yo quería: sin tener que rendirle cuentas a nadie, sin tener que adaptarme a ciertas situaciones que en muchas ocasiones no me apetecían. Y después de esa decisión me sentí tan libre como el aire que respiraba.

Y ahora me encuentro aquí sentada, sola en un avión y pegada a la ventanilla como si fuera la primera vez que viviera esta sensación, pero no, esa sensación la he sentido cada vez que me he ido a conocer un cachito de este maravilloso mundo. Fue entonces cuando conocí a Marcos que dejé de pensar solo en mí para centrarme en una buena persona. Persona que creía que sería el amor para el resto de mi vida, pero nadie me dijo que estaba equivocada y que eso no era amor; nadie me dijo que en una relación no solo puede haber una amistad y un simple cariño, que no solo puedes esperar algo más de la vida cuando tú eres la primera que no das el paso. Nadie te dice que el amor no solo se basa en una estabilidad. De modo que no me quedó más remedio que darme cuenta por mí misma.

Veía que algo fallaba, que mis necesidades eran otras totalmente diferentes a las de Marcos. Tan diferentes que nuestros caminos se habían separado como por arte de magia sin ni siquiera darnos cuenta. Marcos quería formar una familia, quería casarse, vivir felices y comer perdices. Yo, en cambio, quería vivir todas las experiencias posibles que mi menudo cuerpo me permitiera, quería sentir emociones, quería regalarles a mis cinco sentidos constantemente nuevas sensaciones. Quería viajar y recorrer una y otra vez este maravilloso mundo que Dios nos ha regalado, quería conocer culturas diferentes porque me apasionan las cosas originales, quería tatuarme el cuerpo para nunca olvidar los buenos momentos que esas experiencias dejaban a su paso en mi interior. Quería vivir, pero, sobre todo, quería sentir. Y, desgraciadamente, eso con Marcos no lo tenía.

Me costó darme cuenta de que el problema no era mío ni suyo, me supuso ver que nuestras vidas seguían caminos diferentes. Me costó dos años de mi vida descubrir dónde estaba el problema, pero no sin antes martirizarme una y otra vez recordándome que yo no era buena para él. Sin dejar de reprocharme que la culpa fuera mía y solo mía por ser diferente al resto de la gente. Me culpaba de no ser capaz de adaptarme a este maldito mundo; me sentía inferior por no poder encontrarme en mis días. Me llegué a sentir tan perdida que dejé de encontrarle sentido a todo: ya no tenía sueños que me apeteciera cumplir, no tenía ilusión, me pasaba los días haciendo y deshaciendo, buscando pasiones o más bien nuevos entretenimientos y, para colmo, me encuentro con la sorpresa tan inesperada y mal tomada.

Un día de esos en los que creía que cualquier deporte era mi pasión (más bien era una forma de refugiarme del mundo real), entonces descubrí que tampoco había un problema en mi vida, que lo único que existía era una diferencia. Más exactamente, existían dos personas diferentes tratando de crear una vida juntos. Y me di cuenta de que la solución solo estaba en mis manos.

Evidentemente, Marcos no se lo esperaba porque no quería ver la realidad. No aceptaba ese cambio tan repentino en su vida. No entendía la diferencia que existía entre nosotros, pero la decisión estaba más que tomada y sé que, con el tiempo, se dará cuenta, e incluso me lo agradecerá.

A día de hoy, me siento tranquila y feliz con mi decisión. Marcos, hasta donde pude saber de él, llegó a mis oídos que lo estaba pasando realmente mal, que no entendía y que incluso me investigó por si lo había traicionado con otra persona. No me creía lo que yo tantas veces le traté de explicar o, más bien, no quería entenderlo, y entonces fue cuando me di por vencida. Es tan testarudo que no podía creer que estuviera mandando tantos años de nuestra vida a la basura por un «berrinche de los míos», y fue entonces cuando comprendí que yo tenía razón y que, aunque no me arrepentía de haber compartido mis años, él mismo me dio la razón de que yo estaba en lo cierto. Con sus desesperadas palabras consiguió hacerme entender que en todo ese tiempo compartido no me había llegado a conocer, solo se había limitado a adaptarse a mí y a mi espontaneidad de hacer cosas. Ahí comprendí que éramos tan diferentes como la noche y el día porque él disfrutaba de una vida tan simple que para mí era insuficiente.

Y yo… necesitaba más, necesitaba darle a mi cuerpo y a mi mente lo que me pedían a gritos porque si no, llegaría un día en el que esta Elena desaparecería para siempre de este inmenso planeta. Dejaría de ser yo: mi sonrisa terminaría desapareciendo, al igual que el brillo de mis ojos o el simple color de mis mejillas, cada vez que se me ocurría algunas de las mías. Y he de reconocer que casi desaparezco, pero también alego que ahí la culpa fue toda mía…

Con el paso de los días, me he ido dando cada vez más cuenta de que no estábamos hechos el uno para el otro por el simple hecho de no echarlo de menos en esos días más recientes a la ruptura. Por una parte, cuando lo pienso… siento pena, pena por haber sido una persona importante en mi vida y que, con un único adiós, haya desaparecido por completo de mis pensamientos; pena por sentirlo tan lejos que hasta sus recuerdos se han esfumado de mi mente. Solo quedan miles de fotos en algún rincón de mi ordenador que aún no me he atrevido a abrir porque no me apetece seguir sintiendo pena por esos momentos pasados que ya no significan nada, pero no porque yo no quiera, sino porque no lo siento. No lo siento dentro de mí; simplemente, Marcos ha quedado como un recuerdo en el que alguna vez formó parte de mi vida.

2. MI PRIMERA VEZ…

Viernes, 1 de febrero de 2019

11:30 horas

El nuevo año ya ha comenzado, aunque del mes de enero no me haya ni inmutado de su existencia. Así que se podría decir que, para mí, el mes de febrero es como la entrada de este bendito y esperado año. Comenzamos un mes nuevo, una vida nueva y, cómo no… una nueva Elena.

Sigo pegada a la pequeña ventana del inmenso avión; desde aquí se ve todo tan pequeño que siento cómo me puedo comer el mundo de un solo bocado. Me hace sentir exageradamente grande, ante todo. Soy de esa clase de personas que suelen dormirse en cualquier medio de transporte desde el primer momento que pone un pie dentro, pero esta vez es diferente; necesito tener los ojos bien abiertos para apreciar toda esa sensación que me provoca estar observando el mundo desde esta perspectiva.

Ya casi que no puedo distinguir el suelo porque estoy adentrándome en esa masa blanca esponjosa que solo hace entrarme ganas de revolcarme encima.

Aún sigo viendo el mundo minúsculo. Me recuerda a esa casa de muñecas con la que solía jugar con mi hermana cuando éramos pequeñas, donde el mobiliario y la decoración debíamos cogerlos con dos deditos y colocarlos con todo el cuidado del mundo para no destrozar nada de esa preciosa casita.

Acabo de atravesar las nubes y ahora vuelo por encima de una enorme alfombra de color blanca. Parece un mar de algodón e incluso me hace sentir como en el Polo Norte porque todo es blanco y, solo con mirar hacia el exterior, da la sensación de frío. Pero me gusta, me gusta este paisaje: me encantaría sentirlo entre mis manos, poder observarlo de cerca y apreciar cada detalle de esa preciosa alfombra de esponja. Quiero salir ahí fuera, tumbarme, cerrar los ojos y sentir su tacto por todo mi cuerpo. Me encantaría caminar descalza, muy despacio e incluso saborearlo porque todo parece tan dulce que hasta la boca se me hace agua.

Mirar ahí fuera me provoca una sensación de tranquilidad, de paz interior y serenidad que por más que miro al horizonte no veo nada porque ya estoy en el cielo. Es tan plácido, y todo está tan en reposo, que hasta el vello se me pone de punta; parece como si en cualquier momento algo fuera a ocurrir.

Este es mi primer viaje fuera de España después de mucho tiempo. Estoy nerviosa y algo insegura porque he pasado una etapa de mi vida (bastante larga) siempre acompañada. Y no es que eche de menos mi anterior vida; es más, agradezco esta soledad que me hace disfrutar de mi antigua Elena porque siento cómo poco a poco se vuelve abrir un hueco en mi interior. No puedo evitar sentirme insegura, pero también sé a lo que se debe. Y es a ese tránsito que he pasado acogida a Marcos y a la mala vida que escogí durante un tiempo equivocado, tiempo que odio recordar. Sé que tengo que darme una oportunidad para acostumbrarme a mi nuevo cambio, pero no puedo evitar sentirme culpable por ese pasado.

Voy volando con destino a una de las ciudades más bonitas y acogedoras de Europa: Ámsterdam. No puedo dejar de pensar en esos días que me quedan por delante. Sé que es un viaje para hacerlo con un puñado de amigas y echar unas buenas risas, pero necesito este viaje para encontrar esa parte de mí que aún noto perdida. Esa ciudad ha sido escogida al azar, como todo lo que hago. Desde nunca me ha gustado pararme detenidamente a pensar; soy de las que actúan con decisión, de las que, cuando alguna idea se me pasa por la cabeza, no me lo pienso y la pongo en práctica. Siempre he sido así. Hay quien ha intentado pararme los pies o, como se suele decir, «cortarme las alas», pero por suerte no lo ha conseguido.

Hubo un tiempo en que cierta persona me cohibió demasiado e incluso yo lo llegué a ver normal, pero, cuando me paro a pensar, me sentía como atada, sobre todo reprimida. Ese sentimiento llegó a durar un largo año. Teníamos unos planes que, según Marcos, me limitaron hacer ciertas cosas porque teníamos que labrarnos un futuro prometedor y feliz. Y ahí fue cuando reaccioné: si mi presente no era feliz, imaginad lo que me provocaba pensar en mi futuro…

Ahora estoy segura de lo que quiero. Y lo que realmente quiero es disfrutar de cada minuto de este viaje, de mi presente; quiero fotografiar cada rincón que mis ojos observen para no olvidar ni un solo detalle.

Por el momento, solo puedo decir que voy a seguir disfrutando de este agradecido tiempo que me queda pegada a esta ventanilla, que, a su vez, me hace sentir dueña de este diminuto mundo.

3. PRIMERAS HORAS…

15:00 horas (aeropuerto de Ámsterdam)

El cielo está gris. Acabo de llegar al aeropuerto y no he podido evitar quedarme unos minutos plantada frente a los grandes ventanales, observando el exterior. Parece como si ya estuviera anocheciendo, como si el día se estuviera apagando poco a poco. Hay niebla e incluso por algunas zonas de la pista de aterrizaje quedan restos de nieve.

Ese paisaje grisáceo y tormentoso me provoca una sensación de bienestar y una sonrisa se me dibuja en la cara mientras sigo observando el nuevo paisaje. Me tomo mi tiempo porque nadie me espera, siento tal tranquilidad en el cuerpo que disfruto de mi respiración pausada y profunda como si así pudiera saborear este periodo en el que me encuentro.

Me encantan estos días nublados. Me relaja ver llover o nevar. Esos días los suelo aprovechar para seguir escribiendo las páginas en blanco de mi diario. Esos días en los que el mal tiempo no te deja salir de casa, yo aprovecho para escribir todos mis recuerdos en uno de mis tantos diarios que tengo guardados.

Empecé a escribir mi vida a los veinticuatro años, más exactamente cuando comencé a notar la importante pérdida de memoria. Al principio, no le echaba muchas cuentas porque pensaba que era por culpa de esa mala vida. Mucho alcohol, drogas, pocas horas de sueño y mucha fiesta… A día de hoy, esta pérdida tampoco es considerada una enfermedad (de momento). Pero, por si acaso, por si llegara el día en que me costara trabajo, todavía más, el recordar, y que con solo las fotografías no me fuera suficiente, tengo los momentos más importantes o significativos de mi vida plasmados en mis diarios. Y este es uno de ellos. Acabo de comenzarlo con el principio del año y con mi primer viaje a Ámsterdam.

Aparte, necesito escribir todo lo que siento porque me da miedo que llegue el momento en que mi cabeza se olvide de lo que es sentir, que se olvide de reír, de llorar, de soñar… Necesito escribir lo que mis ojos ven porque tengo miedo de olvidarme de las cosas importantes de mis días. Escribo para no olvidarme jamás de quién soy ni de dónde vengo porque me asusta que en algún día de mi existencia me olvide de quién es realmente Elena.

15:30 horas (llegada a Ámsterdam‑Centraal Station)

Estoy desesperada porque no encuentro la salida. Llevo una media hora dando vueltas buscando el tranvía que tengo que coger hasta el hostal. Me ha sido fácil salir del aeropuerto y coger el tren hasta llegar a la estación, pero ahora me está costando horrores salir de este laberinto subterráneo. Cuando por fin consigo sacar el ticket del tranvía, suspiro y trato de tranquilizarme. Aunque hace un frío que corta el aliento, la frente me suda por los nervios.

Ahora toca adivinar qué maldito número me llevará hasta el hostal Stayokay. Corro de un lado para otro, con la maleta a cuestas, la mochila en la espalada, la bufanda de dos metros arrastrando por todos lados y congelada hasta los huesos. Por fin encuentro de casualidad un punto de información. Le pregunto medio en inglés, medio español, que qué número debo coger para llegar a la calle Borneostraat. Me señala con la palma de su mano hacia una salida que supongo que es la línea del tranvía que tengo que coger.

―Thank you.

Y salgo corriendo cargada con todo el equipaje. Tengo muchísimo calor, pero aun así me noto la punta de la nariz congelada, aunque la excitación de no saber hacia dónde ir ni cómo hacerlo me hace sudar. Todo es nuevo para mí y seré un poco extraña o rara o diferente, llamémoslo como queramos, pero la cuestión es que me encanta estar perdida por una ciudad que no conozco porque así es como se conocen los lugares más mágicos. Cuando por fin salgo del subterráneo, un viento atronador me corta la cara, está lloviendo y el cielo está cada vez más oscuro. Cuando me quiero dar cuenta, tengo que cerrarme la boca manualmente con la única mano que me queda libre porque me veo incapaz de hacerlo por sí sola. Giro sobre mí misma para cerciorarme bien de lo que están viendo mis ojos. El edificio que hace de Centraal Station es realmente una maravilla. La estación es un edificio enorme que puede pasar perfectamente por un palacio. Pero los edificios que están enfrente no se quedan atrás; no son muy altos, pero son de una arquitectura muy peculiar donde su belleza es incomparable con la de cualquier otra cosa. Fachadas muy parecidas unas a otras y cada una cargada de millones de ventanas. Y una cosa muy curiosa es que ninguna tiene persianas. Los tejados son de un gris pizarra, la calle es atravesada por uno de los muchos canales de la ciudad. Es mi primer contacto visual con este maravilloso lugar y os puedo asegurar que me ha dejado sin palabras para seguir describiendo lo que mis ojos ven a través de las ventanas del tranvía en el que estoy ahora mismo subida…

4. LA SEGUNDA VENECIA

16:00 horas

Número de tranvía catorce. Parada Zeeburgerdijk. Hostal Stayokay Amsterdam Oost (antiguamente un colegio). No sé hacia qué dirección mirar, si a izquierda o a derecha, porque las calles de la ciudad están tan iluminadas que vuelvo a mirar dos veces el calendario en mi móvil por si he sido yo la que se ha confundido de fechas ―no, no es Navidad―. Sonrío por mis propias ocurrencias y pienso que, si en un febrero sin nada que celebrar la ciudad brilla con luz propia, no me quiero ni imaginar cómo tiene que ser en la misma época navideña.

17:30 horas (Ámsterdam‑Centraal Station)

Después de dejar el equipaje en la habitación del hostal, lo primero que hago es situarme en el mapa de la ciudad. Durante el trayecto del viaje, aparte de babear por la ventanilla del avión, también me he organizado cada día de mi estancia aquí para no dejarme nada sin ver, nada sin visitar, nada por conocer…

El siguiente tranvía que cojo es de vuelta a Centraal Station. Según mi mapa guía, ese es el punto central de la ciudad, el cual me ayudará para situarme. Al lado de esa parada hay un punto de información donde te indican cómo, cuándo y dónde hacer el tour por los canales. ¡Perfecto! Sonrío para mis adentros y pienso que estoy de suerte. Salgo despavorida porque con la desorientación de la luz del día pienso que todo va a cerrar en cuestión de minutos y que no me va a dar tiempo a ver nada. Pero no puedo evitar entretenerme y fotografiar varias fachadas y bicicletas aparcadas al lado del canal que visten la típica calle de la ciudad, y cuando alzo la vista por encima del objetivo de mi cámara me cercioro del precioso cuadro que tengo delante de mis ojos, al que le sigue un paseo de luces amarillas enredada por los troncos de los árboles que decoran esa bonita calle de fondo de casas con fachadas de un color granate con grandes ventanales. Parece una postal. Es increíble lo que una sola imagen te puede llegar a transmitir.

«Lovers» es la compañía que me facilitan para la vuelta en catamarán por los canales. Con un poco de suerte he podido colarme en el grupo de las 18:00. Espero impaciente mirando todo a mi alrededor a través de mi objetivo; no puedo evitar echar un par de fotos más y es cuando reparo en el poco tráfico de la ciudad. Las bicicletas abundan por las calles y tengo que tener cuidado de no ser atropellada en varias ocasiones. Una vez dentro del catamarán, me acomodo en mi asiento, intento relajarme para concentrarme solo en las vistas. Trato de entrar en calor frotando mis manos contra mis vaqueros y al final consigo calentarlas entre eso y mi aliento. La calefacción no está demasiado alta, por lo que tardo varios minutos en entrar en calor, pero ese frío intenso que cala toda mi ropa cesa cuando noto cómo el motor se pone en marcha. Entonces es cuando mi mente se centra en el paisaje de millones de lucecitas de todos los colores que se ven a lo lejos. Tan solo un edificio alto sobresale de la ciudad. Saco todas las fotos que puedo sin parar a mirarlas porque las vistas son de película, aunque el reflejo del cristal me lo estropea, así que mejor me quedo quieta. Siento cómo mi corazón late a mil por hora cada vez que vamos avanzando por los diferentes canales. «La segunda Venecia» la llaman.

Mis ojos no pueden dejar de observar cada puente iluminado que atravesamos con cuidado de no rozar nada porque pasamos justos. Observo la altura de las casas, la cantidad de ventanas que cada fachada lleva y me pregunto a qué se debe tanta ventana… pero lo que se lleva el premio de mi impresión son las casas‑barco. Por cada casa que paso por su lado deseo un cachito para mí. Me imagino viviendo en alguna de esas peculiares casitas y la tranquilidad invade toda mi mente. No tardamos en pasar al lado de lo que suelen llamar «las casas danzarinas» porque sus fachadas son como cuerpos con sensación de movimiento; parece como si quisieran salir corriendo de un momento a otro. Es maravilloso.

Después de ese fabuloso viaje en catamarán viendo la ciudad desde otra perspectiva, se me quedan más ganas de seguir conociendo. No me quiero ir a la cama sin antes visitar las calles del fabuloso Barrio Rojo. Esas calles conocidas por las exposiciones de la prostitución. Yo lo describo como «el barrio de la carne». Mi primera sensación es la de sentirme un poco humillada como mujer. Ya sé que la prostitución es legal en este país desde el año dos mil, pero eso no deja de ser degradante para el sexo femenino. El hecho de tener que exponer tu cuerpo a través de un cristal, el cual será elegido entre centenares de cuerpos más como si fueras un trozo de carne de usar y tirar, me provoca náuseas. Aunque mi primera impresión es la de la humillación hacia la mujer, también reconozco que me sorprendo nada más ver la primera casa de prostitutas y admito que no puedo dejar de mirar esas grandes ventanas donde diversos cuerpos trabajados se exponen semidesnudos a través de un cristal. También presencio las entradas y salidas de lo que se supone que son clientes sin escrúpulos. Estos entran y salen de esas pequeñas casas como Pedro por su casa. Tengo que guardar la cámara en la mochila porque un guardia ha estado a punto de tirármela al canal cuando iba a fotografiar una calle sin salida, pero en la que evidentemente había dos de esas casas de cristaleras que son tan cotizadas en ese barrio.

Me pongo los cascos y enciendo el MP3. La primera canción que retumba en mis oídos es We don´t talk anymore. Con cada paso que doy por estas estrechas calles donde el mercado de la carne no deja de cesar, mi mente se va abriendo un poco más hasta que lo llego a ver como algo histórico y peculiar de este precioso lugar.

5. CONOCIENDO SU HISTORIA

Martes, 5 de febrero de 2019

¡Decidido! Me he enamorado de este extraordinario lugar, de sus calles, de su ambiente, de sus casas… He deseado una y otra vez vivir en alguna de estas casitas de estrechas fachadas donde no existe la intimidad. Sé que algún día volveré para quedarme el tiempo que vea oportuno, para así irme completa y satisfecha, porque este viaje en solitario me está sabiendo a poco. Necesito más…

¡Llamadme loca! Porque hoy me he puesto en marcha casi al amanecer. Las calles se ven solitarias e incluso el tranvía está casi vacío. No se escucha el murmullo del día anterior. Aprovecho y me relajo en mi asiento, me quito los guantes y el gorro y me dedico a observar las calles a esa hora de la mañana. Me da pena que ese paisaje de casas pegadas unas a otras con la misma altura se borre de mi memoria algún día no muy lejano. El simple hecho de pensarlo me pone nerviosa, y se me pone hasta el vello de punta.

Me he unido a un grupo de turistas españoles según las indicaciones de la compañía del Free tour que contraté la noche anterior. Nos han citado a todos en la Plaza Dam. No quiero irme de Ámsterdam sin que antes me hayan explicado su historia y sus muchas curiosidades. En tan solo una mañana, he aprendido cosas como por qué las fachadas tienen tantas ventanas. Todo tenía su lógica. La ciudad está construida sobre el agua y su estructura es de madera, por lo que, para que no pesaran tanto las fachadas, cuantas más ventanas, mejor. Por eso lo de las casas danzarinas: los cimientos se mueven constantemente. Otro de los motivos de esas espléndidas ventanas es porque son edificios muy antiguos y carecen de ascensor; todas las mudanzas las realizan a través de ellas. Lo normal en esta ciudad es ver alguna lavadora o sofá volando por la acera. Parece de chiste, lo sé, pero mejor ir con cuidado y mirar hacia arriba de vez en cuando para procurar no pasar por debajo de algún mueble volador.

Esta tarde me he decidido por el parque de los museos y me he perdido dentro de las impresionantes y peculiares pinturas de Van Gogh hasta que sus puertas han cerrado casi conmigo dentro.

Anécdota: el armario empotrado de color me ha cacheado a la entrada del museo… Me ha apartado hacia un lado de la cola de entrada y me ha hecho abrir la mochila; lo mejor de todo ha sido la cara que se le ha quedado cuando ha visto el interior de mi bolso cargado de bolsitas de hierba ―evidentemente, todas son tés que una hora antes he comprado en un mercado―. Mi cara ha pasado por todos los colores cuando se ha liado a vaciar mi mochila y, para rematar la faena, se ha puesto a oler todas y cada una de las bolsitas, pero eso no es todo… La gente me miraba como si fuera una delincuente y, al final, resulta que el portero de discoteca se estaba riendo en toda mi cara. «¡Démosle un aplauso, por favor!», me ha dado ganas de gritarle a la gente que me miraba como un bicho raro por llevar la mochila cargada de té.

Si te ha gustado el comienzo de esta historia basada en hechos reales, puedes conseguirla firmada a través de mis redes sociales:

Instagram: @bailandoconlibros

Facebook: Sandra Ruiz

Te reto…

Te reto a que seas tú…

¿Te atreves?

✒️Voy a escribir un texto improvisado, que aún no sé lo que saldrá. Puede que le encuentres un significado cercano o a lo mejor te suene a chino. Puede que pases del tema y ni siquiera sigas leyendo.

Pero si me equivoco y eres de los que vas a leer hasta el final te propongo un pequeño reto que no te quitará más de cinco segundos seguidos.

La cuestión es que cuando leas el texto le pongas tú el título, pero sólo puedes utilizar tres palabras. No más.

Allá voy…

✨«Escucho de fondo poder, querer, adquirir, pero nada tienen que ver conmigo o a lo mejor sí, ¿quién sabe?
En ocasiones yo solo sé que no sé nada, porque me he dado cuenta que el que mucho sabe, el que se pasa de listo, el que entiende de todo, al final resulta que está más perdido que el que dice no saber.
Por eso yo sé que no sé nada. Puede ser que, a lo mejor… no quiera saber, porque me he dado cuenta que en la ignorancia me sienta a salvo.
Y ahora me pregunto yo a mí misma…
¿Qué pasa si descubro lo que no quiero saber? ¿Qué pasa si directamente no sé el camino que escoger?
¿Qué pasa sino quiero hacer eso o simplemente no quiero hacer nada?
Puede ser que esa sea yo y te guste o no, es lo que soy, es lo que siento y es lo que quiero».✨


Si has llegado al final de este tocho quiere decir que te he vuelto un poco loco y que has decidido contestar a la pregunta…

¿Le pones el título a este texto según lo que te ha hecho sentir?

Te recuerdo que solo podrás poner tres palabras.

¡Te leo! ❤

LOS 5 PRIMEROS CAPÍTULOS de CRECIENDO CON ALEX.

Creciendo con Alex

1. BAILAR SIN REGLAS, MAMÁ

Me siento aterrada, asustada y enormemente triste; de sobra sé que voy a despertar al ogro que lleva dentro y fuera también, para qué engañarnos. Pero de esta noche no pasa que hable con ellos, no puedo seguir mintiéndoles por más tiempo. Necesito quitarme esta culpabilidad que siento, culpabilidad que no es real, porque no he hecho nada malo, es injusto.

Sé que provocaré la guerra entre mi madre y yo y que el buenazo de mi padre será el que sufrirá todas las consecuencias, pero tengo que dejar de pensar en el resto del mundo, porque si no nunca dejaré de sentirme tan gris, tan apagada que todo volverá a dejar de tener sentido y no estoy dispuesta a volver a pasar por lo que ya casi he superado.
¡Venga, Alex! Ya has demostrado que eres lo suficientemente fuerte como para enfrentarte a cualquier situación que se te presente, puedes hacerlo: solo es darle la noticia a mamá y a papá durante la cena como la que no quiere la cosa y punto y pelota. ¿Qué es lo peor que te puede suceder? ¿Qué te castigue en tu habitación sin cenar? Ya no soy una niña y eso deben entenderlo. Pero por más que trato de autoconvencerme, mentalmente estoy temblando por el mal rato que les voy hacer pasar. Estoy nerviosa y hasta con ganas de vomitar.


¡Venga, Alex! Ya has demostrado que eres lo suficientemente fuerte como para enfrentarte a cualquier situación que se te presente, puedes hacerlo: solo es darle la noticia a mamá y a papá durante la cena como la que no quiere la cosa y punto y pelota. ¿Qué es lo peor que te puede suceder? ¿Qué te castigue en tu habitación sin cenar? Ya no soy una niña y eso deben entenderlo. Pero por más que trato de autoconvencerme, mentalmente estoy temblando por el mal rato que les voy hacer pasar. Estoy nerviosa y hasta con ganas de vomitar.


Desde que tenía uso de razón, mi madre me matriculó en una de las más prestigiosas escuelas de danza de todo Madrid. Desde antes de aprender a andar ya sabía girar sobre mis punteras; siempre me ha gustado la danza, por eso nunca me ha pesado asistir a clase cuatro días a la semana. Pero desde lo ocurrido con mi hermana gemela dejé de encontrarle sentido a todo e incluso dejé de sentir pasión por la danza. Mis padres se apagaron de golpe y nada de lo que yo hiciera o dijera les venía bien, al contrario, mi madre aprovechaba cualquier momento para gritarme, reprocharme e incluso culparme. Nunca lo hizo directamente, pero sabía por la forma en la que me gritaba que me hacía culpable de todo lo ocurrido. Y si con eso no era suficiente, encima yo me machacaba mentalmente noche tras noche, día tras día: que «tenía que haberme pasado a mí y no a ella», además de «bastante mal lo están pasando como para yo encima suponerles un problema». Con ese cargo me he tirado no sé cuántos años de mi vida, el dejar de hacer lo que verdaderamente me apetece por complacer a mis padres, por no decepcionarles, por no darles más problemas ni calentamientos de cabeza; me he mantenido al margen, siempre he intentado ser una hija ejemplar, sacando las mejores notas, siendo la primera de la clase, en baile y sobre todo como persona. Pero nunca ha sido suficiente y siempre he intentado sacarlos del pozo en el que día a día se encontraban hundidos. Pero… ¿y a mí? ¿Quién me saca a mí de ese agujero en el que yo también estoy tan adentro? ¿Quién mira por mi bienestar? ¿Quién se preocupa por lo que a mí realmente me apetece? O el simple hecho de verme actuar en las obras de ballet, porque desde luego mis padres hace tiempo que dejaron de hacerlo.


Desde que murió mi hermana yo he pasado a ser un cero a la izquierda, un segundo plano, una mierda seca. Antes del maldito accidente mi madre no dejaba de estar encima de mí; yo era la niña de sus ojos, la que llegaría muy alto en el mundo de la danza y la que sería una gran bailarina: «Pequeña, tienes un don y debes aprovecharlo, estoy segura de que serás lo que tú quieras ser», me decía mi madre una y otra vez cada día, y no es que menospreciara a mi hermana —evidentemente nos trató por igual—, pero mi madre y yo desde siempre tuvimos algo en común, «el baile». Nos fascinaba por igual, lo vivíamos, lo sentíamos y, por desgracia, ella nunca tuvo la oportunidad que a nosotras desde muy pequeñas nos brindaron, y lo que ocurrió fue que su sueño lo estaba convirtiendo en el nuestro.


Mi hermana ALBA era mi pareja de ballet en casi todas las obras; las dos juntas llegamos a hacer unos espectáculos increíbles, aunque ella lo hacía por mí, no porque le apasionara la danza. Éramos inseparables, pero de gustos diferentes; donde iba una allí que iba la otra. Teníamos el mismo grupo de amigos, aunque muy a menudo prescindíamos de él porque nos teníamos la una a la otra como mejores amigas. Desde entonces… una importante parte de mí se fue con ella. Esa es otra historia que algún día con más ganas os contaré…
Mi madre, pese a que siempre llegaba a agobiarme mucho…, no, muchísimo, y era la más pesada del mundo mundial. Pero suelen decir que cuando tienes algo no lo aprecias lo suficiente hasta que deja de estar; es ahí cuando entonces lo echas tanto de menos que te das cuenta de que lo has perdido…, y yo he llegado a echar mucho de menos a la pesada de mi madre.


En fin, mi casa estaba llenas de normas, reglas y protocolos, desde que nos sentábamos a la mesa a comer hasta que nos íbamos a dormir. Nunca me dejaron ser yo misma y encima, sin comerlo ni beberlo, de pronto me sentía sola, triste, agotada, sin nadie con quien poder llorar ni con la que desahogarme, sin nadie a la que gritarle y sacar toda esta frustración que sentía por dentro que cada noche ahogaba a gritos en mi almohada. Por eso ahora más que nunca estaba decidida a contarle a mis padres que quería dejar la escuela de danza. Desde hacía unos meses había empezado a quererme un poquito más y a decidir por mí misma lo que de verdad me gustaba hacer: «Bailar sin reglas, mamá». Hostia tremenda que me llevé; me caí hasta de la silla en la que estaba sentada. Aunque fue la primera y última recibida en toda mi existencia, me llegó hasta lo más profundo de mi alma. La cara me escocía y me ardía por el dolor; las lágrimas y los sollozos comenzaron a salir desde mi garganta sin poder contenerlos.


—¡¡Alejandra!! ¡¡Sube inmediatamente a tu habitación y reflexiona sobre lo que acabas de decir!! ¡¿Qué clase de educación te hemos dado?! Como para que ahora nos vengas con que estás bailando tirada en las calles como una cualquiera. ¡¿Qué hemos hecho para merecer esto, Señor?!


Mi madre se puso completamente fuera de sí. En la sala solo se escuchaban chillidos, gritos y más quejas; nunca jamás la había visto así, hecha una auténtica fiera. Mi padre, el pobre, no se atrevió ni a abrir la boca; yo me levanté del suelo, dejando la silla ahí tirada y sin dejar de frotarme la mejilla con la mano me sequé las lágrimas que recorrían mi cara por el escozor. Sin decir ni una palabra me fui a mi guarida a llorar con todas mis ganas. No había más que decir…, total, mi madre no iba entrar en razón; ni siquiera me escucharía, es más, no intentaría ni entenderme. Esa noche no dormí, pero sí lloré mucho por la presión que oprimía mi pecho, por la impotencia que sentía… Y evidentemente fui incapaz de dejar la danza, pero tampoco renuncié a nada más.

2. ALEX


Mi nombre es Alejandra Almenara, pero todos me llaman Alex; todos menos mi madre, que me llama Alejandra con todas sus letras. Tengo 23 años y estoy en el último año de carrera. Curso el Grado en Estudios Literarios, porque desde siempre me han apasionado los libros, leer, escribir y adentrarme en un mundo distinto al que vivo. Me resulta alucinante ver cómo personas son capaces de hacerme soñar a través de sus palabras; te emocionan y te ayudan a olvidar este puto mundo real del que vengo. Así que no me lo pensé ni dos veces antes de matricularme en esta carrera. Algún día me encantaría ser capaz de llegar a escribir una historia, la cual provoque mil sensaciones a aquellas personas que la lean.


Me gustan muchas cosas, sobre todo estar activa… Me gusta el deporte (aunque no lo practique muy a menudo), me gusta tumbarme en la alfombra de mi habitación y tirarme las horas muertas leyendo y soñando despierta, me gusta conocer gente nueva, personas que me aporten algo en la vida y que me hagan reír mucho. Pero sobre todo me gusta bailar, porque cuando lo hago me siento libre, me siento grande e inalcanzable; siento cómo una parte de mí que tengo muy escondida sale a la luz y se expone ante todo el mundo. Cuando bailo… soy yo.


Antes de que mi vida cambiara yo era más atrevida, extrovertida, alegre, divertida, despreocupada y sobre todo risueña… Siempre me reía por todo y en todo momento me sentía capaz de comerme el mundo, pero desde hace tiempo todo eso se perdió muy dentro de mí: se apagó como el que apaga una luz, incapaz de volver a encenderla nunca más, y se escondió en alguna parte de mi cuerpo. Entonces empecé a pasar desapercibida, a encerrarme en mí misma y a sonreír solo cuando era necesario. Suelo llamarme persona gris, desganada y con los ánimos por los suelos. Lo único que no ha cambiado son mis ganas de bailar, de sentir la música desde que entra por mis oídos hasta que sale por la punta de mis pies. Es ahí cuando dejo de pasar desapercibida, porque con cada movimiento de mi cuerpo revivo esas cualidades escondidas y encerradas bajo llave; noto cómo desprendo despreocupación y a la vez intensidad, seguridad y pasión; dejo ver ese amor que aún no he regalado a nadie, pero que lo llevo guardado en un rinconcito de mi ser; sale la alegría que un día sentí; y sobre todo transmito fuerza, tanta que asusta. Hago sentir lo que llevo dentro y sé que pongo los pelos de punta a quien me ve bailar, porque de lo contrario dejaría de hacerlo.


Cuando entré en la universidad ya era gris, solitaria y aburrida… Mis días eran mecánicos y rutinarios (levantarme, vestirme, clases, comer, danza, comer y dormir…). Algún día puede que os cuente a qué se debió el cambio en mi estado de ánimo; aún no me siento preparada para decirlo en voz alta. Solo os adelanto —y os lo digo por pura experiencia— que un día lo tienes todo, eres la persona más feliz del planeta, tienes amigos y tienes ganas de comerte el mundo…, y al otro día pierdes una parte de ti y es cuando tú también quieres dejar de existir, porque te das cuenta de que así ni puedes ni quieres vivir. Te falta el aire, te ahogas con tu propia saliva, no se te va ese dolor tan intenso que sientes en tu corazón y solo te preguntas… ¿Por qué mierda sigues tú en este jodido mundo si no quieres seguir viviendo? Así no.

A lo que me refiero con todo esto es que la vida te cambia de la noche a la mañana y los días nunca dejan de ser como una ruleta rusa, que jamás sabes si te tocará perder a ti ni cuándo llegará. De esto trata esta puta vida, ¿no? Ahí fue cuando me volví más adicta a los libros, como terapia o por yo que sé, pero cuando empecé a escribir eso me hizo olvidarme por un momento de mi existencia, y empecé a crear mis propias historias con sus personajes y sus dramas, sus problemas y sus soluciones, historias que me dejaban interiorizar en lo más profundo de mí y sacar toda esa mierda que uno lleva dentro. Se me ha pasado contaros que era —y soy— la persona con más imaginación del planeta, por eso cada capítulo que escribo parece incluso más real que el anterior. Cada vez que engullo un libro sueño despierta; me olvido de los jodidos días porque para mí eran todos igual de aburridos y lentos, pero cuando dejaba de leer o escribir y mi cabecita morena empezaba a pensar de nuevo con la mente fría me moría de pena otra vez: veía cómo se me hacían eternos los minutos, las horas, los días, las semanas…, Qué pena desperdiciar algo que me habían regalado y que no quería, «mi vida» no la quería…


Un día estando en mi habitación (santuario de mis mierdas)… Ahí era donde lloraba cada vez que me daba la gana, sin preocuparme por esconderme, sin tener que explicar, sin tener que secarme las lágrimas (que eso era día sí y día también). Y si os preguntáis que por qué lloraba… En esos momentos ya ni lo sabía.

Había cosas que ya había superado, como por ejemplo la muerte de mi hermana. Más que superado me había conformado, por decirlo de alguna manera, porque no me quedaba de otra, que no quiere decir que la hubiese olvidado, eso jamás, pero sí es verdad que el tiempo te da algo sin quererlo, y eso es acostumbrarte a vivir con lo que te deja. Cada minuto del día me sentía más triste, sin ánimos ni siquiera para vestirme… Y ya ni os imagináis lo que me costaba ir a clase, cruzarme con gente o tener que hablar con alguien: eso me agotaba. Una noche, cuando estaba en mi cama leyendo, se me vino a la cabeza algo perverso, cruel y monstruoso. Por un momento dejé de leer y seguí pensando en algo muy oscuro. «¿Y si… me hacía daño a mí misma? A lo mejor mi cabeza me dejaría descansar de una vez por todas y dejaría de sentirme culpable…». Cuando ese pensamiento cruzó por mi mente me dio mucho miedo, tanto que el corazón empezó a latirme a mil por hora. ¿En qué demonios estaba pensando, joder? Ahí fue cuando entendí que necesitaba ayuda y rápido, porque lo que tenía era evidentemente una depresión de caballo; no hay que ser muy listo para darse cuenta cuando uno se empieza a plantear cuál es la mejor forma —y la más sencilla— para quitarse la vida. Gracias al cosmos, a los astros o a la coincidencia divina de esta vida, pusieron a Marta en mi camino en los años más mierdosos de mi existencia. Claro, que yo ya estaba en tratamiento psicológico y se podría decir que era un poco más humana y algo más sociable.

3. MARTA


En muy resumidas palabras… Marta es una loca del moño con un corazón que no le cabe ni en el cuerpo. Es la persona más alegre y positiva del mundo entero; su cara es de risa y no precisamente por fea, al contrario: está más buena que el pan, a los tíos los tiene locos y a más de una tía casi que también. Paso que da, cabezas que se giran para mirarla. Pero dejándonos el físico a un lado… Es una persona que siempre tiene ganas de reír, ve la vida de una manera muy peculiar y a todo le saca su propio argumento. Es feliz, y lo mejor de todo es que nos lo contagia. Se podría decir que es la luz que toda persona le gustaría tener para no perderse en su propio camino.


El primer día que vi a Marta fue en la facultad y me quedé embobada, yo y el resto de la clase de literatura inglesa (por su arte y gracia y esas piernas milimétricas dignas de envidiar), aunque llegó tarde y despavorida, con la cara más roja que un tomate, y ahora que la conozco os puedo asegurar que no precisamente por vergüenza: esa palabra en el diccionario de Marta Guzmán no existe. Me dejó loca su melena pelirroja (natural), ondulada y larga. Es guapísima, tiene una cara dulce pero a la vez pícara.


Pues resulta que se perdió buscando la clase, pero antes se metió en otra sin nada que ver con la nuestra y al darse cuenta salió como cola que pisa el Diablo. Cuando entró se sentó a mi lado; yo era lo más cercano que pegaba a la puerta. Me eché hacia un lado y se sentó a mi derecha.
—Hoy no es mi día. —No dejaba de refunfuñar por lo bajini y yo no pude evitar sonreírle.
Me contó que se había perdido tres veces en lo que llevábamos de mañana y estábamos a primera hora. No hay más que decir… Es muy lista, pero también muy distraída.


Cuando terminó la clase me fui directa a la cafetería, como de costumbre. Al igual que todas las mañanas, me encontré en la misma esquina de siempre al mismo grupo de chicos y chicas de todos los días; parecía que vivieran en la propia cafetería. No suelo fijarme mucho en la gente en general ni la gente suele fijarse mucho en mí. Cuando desayuno me encanta sacar mi libro y enfrascarme en su historia, pero ese grupito de chavales llamaban demasiado mi atención por sus risas escandalosas, sus charlas animadas de yo que sé, pero en las que todos participaban en esas conversaciones que no decían nada pero a la vez lo decían todo. Y de vez en cuando escuchaba la risotada de uno de ellos o de todos juntos, entonces no podía evitar levantar la vista de mi libro y sonreír sin darme cuenta (reconozco que los envidiaba un poco…, bastante).


Esa misma mañana, cuando alcé la vista allí estaba ella, en medio de todo el meollo de zagales, riéndose a carcajadas y todos siguiéndole el rollo. Nos cruzamos las miradas y al darse cuenta me hizo un gesto con la mano para que me uniera con ellos. Buá. Me hice la loca (que eso se me da genial) y seguí a mi rollo con la lectura. También coincidimos en la siguiente clase y en la siguiente y en todas las demás. Así que cuando Marta entró por la puerta (esta vez puntual) vi cómo me buscaba con la mirada y, acto seguido, se volvió a sentar a mi lado.


—Antes te has hecho la loca, ¿verdad? Yo es que suelo hacérmelo mucho. —Ese comentario me pilló por sorpresa y no pude evitar sonreírle.


—¡Me has pillado! Soy de las que les encanta pasar desapercibida. —No me anduve con rodeos.


—Pues señora desapercibida, encantada de conocerla. Me llamo Marta. —Me extendió su mano mientras me guiñaba un ojo.


—Igualmente. Yo, Alex. —Imité su gesto.

4. EL GRUPO

—¡Chicos! A verrrr… Un poquito de atención, por favorrr. —Marta gritaba mientras daba fuertes palmadas para llamar la atención de todos—. Que os quiero presentar a Alex. Alex, estos son Eric, Carlos, Albert, Sara y Tina.


Todos asintieron con la cabeza, devolviendo el saludo, y Marta siguió hablando como una auténtica cotorra.


—Esta tarde he invitado a Alex al ensayo. Me ha contado que es danzarina, es decir, lleva no sé cuántos años en la danza y me huele a mí que a esta le corre el rito por las venas. No tiene pinta de estirada. —Carraspeé mientras la miraba con una ceja levantada, haciéndome notar.


La tía hablaba de mí como si yo no estuviera, increíble. Aunque la verdad es que no me molestó, al contrario: me encantó su naturalidad.


—Nos vendrá de lujo para que nos eche un cable con el bloqueo de la coreo de esta semana.


Y fue entonces cuando todos se liaron a preguntarme cosas sobre la danza, sobre el tiempo que llevaba bailando… Y aunque lo que menos me apetecía en esos momentos de mi vida era conocer gente nueva, todos me lo pusieron muy fácil y, sin darme cuenta, ya estaba integrada en las conversaciones de ese día, y en las del siguiente y en las demás y en las de todos los días. Porque ese rinconcito tan ruidoso y que tanto envidiaba desde hacía unos días también empezó a ser algo mío, y no solo eso…


La otra tarde quedé con Marta en el barrio de La Latina, en un local vacío de los padres de Eric; bueno, por fuera era un local, por dentro parecía un mini gimnasio, con espejos en todas las paredes. En una esquina estaban las pesas de diferentes tamaños, colchonetas apiladas una encima de la otra y una especie de espalderas de madera atornilladas a la pared. Unos enormes ventanales daban luminosidad a toda la sala. Un local pequeño, pero con el espacio suficiente para moverse. Ese lugar tenía algo que me gustaba. Desde que entré por la puerta sentí como que empezaba a formar parte de algo que aún no sabía explicar exactamente de qué se trataba, pero era una sensación familiar, como si en algún momento de mi vida ya hubiera sentido eso. Y de pronto me vino a la cabeza una imagen de mi preciosa ALBA sonriendo. Sí, ella me hacía sentir así… «arropada». No sé si es la palabra más exacta para describir esa sensación.


Los chicos me saludaron nada más verme entrar con Marta, y el que no se percató de nuestra llegada ya se encargó la tía de llamar su atención. En la sala de los espejos se encontraban Eric, Albert y Carlos; aún faltaban las chicas por llegar. Estos se acercaron hasta nosotras y en ese preciso instante algo llamó mi atención; mejor dicho, alguien de ojos muy azules llamó mi atención. Y esos preciosos ojos pertenecían a Eric, que cuando se cruzaron con los míos me dejaron muerta, petrificada, deshecha, vulnerable… Increíble, en aquellos momentos tenía una mirada intensa y profunda, como si tratara de leerme el pensamiento o más bien ver más allá de mi camiseta y mis vaqueros. Notaba cómo su mirada fija se clavaba en mí mientras yo terminaba de saludar a los chicos y, al girarme de nuevo, volví a cruzarme con esos ojos recorriéndome de abajo arriba. Aunque yo no es que me quedara atrás; no pude evitar hacerle un escáner completo, y puedo confirmar que todo lo tiene completamente perfecto. Su cuerpo es de «mírame y no me toques, porque si lo haces te derrites, nena». Los tres tienen un cuerpazo de escándalo y sus caras, por generalizar un poco, parecen modelos sacados de una jodida revista de moda. Ese estilo desaliñado (pelo incluido) les sienta de maravilla. Y volviendo a centrar todas mis atenciones en Eric… Cuando los demás se repartieron por toda la sala para seguir trabajando esos cuerpos serranos, este se quedó un rato más conmigo; para ser más exactos, justamente enfrente de mí. «Umm… Estatura perfecta para mi gusto», pensé.


—Entonces… ¿me vas a enseñar lo que sabes hacer? —me soltó con un tono pícaro. En ese instante el vello de todo mi cuerpo se erizó.
—Pues… no creo que mi estilo sea el vuestro, aunque… dicen que de las mezclas sale lo sorprendente, ¿no?


Reconozco que le seguí el juego un poco, pero no tardé en irme en busca de Marta y dejarlo allí plantado en mitad de la sala. Empezó a ponerme nerviosa o retozona o las dos cosas, da igual; la cuestión es que Eric me ponía como una moto con solo mirarme. Lo que me hipnotizó desde primera hora fueron sus ojos, que iban a juego con una preciosa sonrisa, de dientes perfectos y labios… umm, para morderlos durante horas. Que alguien me atrajera tanto de aquella manera era totalmente nuevo para mí.


Aún sigo pensando que Eric me tonteaba desde el primer momento que nos conocimos, porque nos gustamos nada más vernos y, ahora que lo conozco un poco más, sé de sobra que es un pícaro de mucho cuidado, aunque al respecto también puedo decir que tiene muy buen corazón y es muy buen chaval, muy suyo y muy todo, pero le encantan las mujeres más que a un tonto un lápiz, y la verdad es que es una pena que sea así, porque de lo contrario hubiésemos tenido algo muy especial. Desde el primer momento, entre los dos hubo un tipo de conexión diferente a los demás.


Marta me pegó un codazo, llamando mi atención para que la siguiera. Quería enseñarme el resto del local antes de que llegaran todos.


—Esta es la sala donde nos pasamos las horas muertas moviendo el culo, esta puerta da a un baño y esta de aquí a un almacén. La segunda es una oficina, pero la utilizamos de trastero para meter todos los chismes de lo que antes era la tienda. —Y mientras ella hablaba y me explicaba yo asentía, sin poder evitar quitarle el ojo a Eric.


—Este sitio es genial, no parece que aquí haya habido una tienda —le respondí, y ella sonreía. Siempre sonreía. Aún pienso que su cara lleva pegada la sonrisa con un pegamento especial. Es auténtica y única.


Cuando llegaron las chicas se hicieron notar desde que entraron por la puerta; venían pegando unas carcajadas que se escuchaban desde lo más hondo de la calle. Marta corrió hacia ellas. Las tres se abrazaron a la vez.


—¡Petardas! ¡Llegáis tarde! —Se dieron un piquito las tres a la vez y luego se troncharon de la risa.


Allí dentro se respiraba un ambiente muy divertido y muy sano. Sara y Tina se acercaron hasta mí —también muy animadas— para saludarme con esa alegría despreocupada que yo envidiaba. Las dos son guapísimas; parecen modelos de pasarela Cibeles, tienen su estilo propio. Sara es un poco más morena y más bajita, pelo corto, muy corto, pero le sienta de maravilla, porque le resalta aún más los rasgos de su cara y de su piel morena. Unos tatuajes chulísimos le recorren gran parte del brazo derecho, donde se pierden hasta por debajo de la camiseta. Me dieron ganas de asomarme por debajo de la camiseta para ver hacia dónde llegaban, más que todo por simple curiosidad. Y Tina ídem de lo mismo: tatuajes indescifrables que también le sientan de muerte con su estilo; su pelo es a lo afro, que la hace de lo más sexi; de color miel, con mechitas rubias y ojos verdes rasgados. ¡Monísimas!


—Bueno… —Marta empezó a frotarse las palmas de sus manos, llamando nuestra atención, y a los pocos segundos todos nos juntamos en el centro de la sala.


—¡Ya estamos todos, por fin! Alex —se dirigió a mí directamente—. Te resumo así por encima… Tenemos un problema grandísimo, que digo grandísimo… ¡ENOOORME!


Me decía aquello poniendo los brazos exageradamente abiertos, como para explicarme el «ENOOORME» problema, mientras yo intentaba poner todos mis sentidos en lo que decía para no perderme.


—No sé si has oído hablar del festival internacional que se celebra en Brasil entre el 13 y el 18 de junio, en Río de Janeiro. Acoge la séptima edición de «Rio H2K». Por lo que a finales de abril se celebran las primeras competiciones, las cuales tenemos que ir pasando para poder llegar al campeonato final… Y queremos hacer algo grande, algo diferente, algo que sorprenda, pero sobre todo algo intenso. Algo que guste tanto que ponga de punta hasta los pelos del culo. —Todos reímos por sus comparaciones absurdas.


Marta siguió contándome que eran muy buenos, que empezaron compitiendo en las calles y poco más, pero que hace unos meses suelen ir al Rinch todos los fines de semana, una discoteca muy conocida en el barrio más cotizado de Madrid, donde está todo el glamur concentrado de la capital, una pasada… Yo he estado un par de veces y aluciné como una mona.
—Pero ir allí vale una pasta y sobre todo cuesta trabajo entrar —le dije.


—¿No me digas? Princesa, que tenemos pase VIP y no precisamente por nuestra pasta.

Desde que nos dimos a conocer el Rinch es nuestra segunda casa, nos contrataron para animar a la gente a competir bailando. —La miraba extrañada, como si me estuviera hablando en braille, y ella continuó…—: El Rinch, aparte de ser la discoteca más glamurosa de todo Madrid, como ya sabrás…, es muy conocida por sus batallas de baile, más exactamente de danza urbana. Baile callejero, nena.


Me aclaró y siguió explicándome un poco más cómo funcionaba todo aquello, y la verdad es que me llamó mucho la atención ese mundo…

5. TRES, DOS, UNO… ¡A BAILAR!


Marta le dio al play… Y en tres, dos, uno empezó a sonar un remix de música. Primero muy suave, y con ella iban siguiendo los movimientos de cada uno, todos al mismo ritmo: mismos movimientos, misma conexión, misma intensidad… Los chicos estaban colocados en la parte de atrás; Tina, Marta y Sara en la parte delantera. Todos en forma de zig zag iban alternando movimientos; la música se aceleraba poco a poco y con ello sus movimientos, cada vez más agitados. Ellas tres se movían todavía más conectadas, como si se tratase de una única persona con un mismo objetivo, y los chicos desde atrás seguían sus pasos y de vez en cuando alternaban alguna que otra voltereta en el aire. Ninguno perdía el ritmo; todos al mismo compás. Mi cara era todo un poema, a la que le seguía una sonrisa de oreja a oreja, la cual no me dejaba parpadear.

Me encantaba lo que estaba viendo, tanto que apoyé mi espalda en la pared y me dejé caer hacia el suelo por pura inercia. Me quedé sentada con la mirada clavada en aquellos seis cuerpos que no dejaban de bailar. Hasta que no acabaron la maravillosa coreografía no pude cerrar la boca; mi cara era de… «¡Yo también quierooo!».
—¡Venga, pequeña! ¡Ahora te toca a ti! —Marta lo debió de leer en mi cara, porque vino directa hasta mí. Aún con su respiración agitada por el esfuerzo y sin dejarme ni responder, me cogió de las manos y de un tirón me levantó de un salto—. Te enseño los pasos rápido y después los entrelazamos todos con la música…


—¿Qué dices, loca? —reaccioné a tiempo—. Yo eso… no, no voy a saber hacerlo. —Le dije, negando también con mi cabeza, aturdida por la emoción.


—¡Ya verás! Es muy fácil, solo escucha la música y déjate llevar… —Tina, desde atrás, insistía.


—En serio, lo que yo hago es muy diferente a lo que acabo de ver. Me tengo que ir a clase, ¡mañana nos vemos!
Y salí corriendo.


—Pero… ¡Alex!


Escuché mi nombre a lo lejos. No me volví y seguí corriendo en dirección a la escuela.


*


Madre mía, en nada se parecía lo que acaba de ver con lo yo hacía día tras día en la escuela de danza. Ellos cuando bailaban eran auténticos: se les notaba que disfrutaban con cada movimiento que les permitían sus articulaciones; trasmitían tanta fuerza, tanta pasión y tanta seguridad en sí mismos que realmente asustaban. Cuando yo bailo mi cabeza es la que manda en mi cuerpo (espalda recta, brazos estirados, barbilla cerca del esternón, sissone, cabeza erguida, demi-plié…); ellos, en cambio, bailaban con el alma, con el corazón, con los sentimientos… Y Marta diciendo… ¿que solo me deje llevar? ¡JA! Me he tirado parte de mi vida acatando órdenes y rectificando cada una de mis posiciones como para ahora dejarme llevar sin más, como si fuera tan fácil…


Y no es que esté diciendo que no me gusta lo que hago, para nada: la danza me encanta y es mi vida, pero es algo tan… tan diferente que no se puede comparar. Son como dos polos opuestos, como la noche y el día, como la muerte y la vida, como el amor y el odio, pero al fin y al cabo dos polos que se atraen. La danza es sofisticación y el strip dance es la locura total. Cuando bailo también siento, pero mi cabeza me impide dejarme llevar, mi mente solo trata de corregir movimientos erróneos. Y lo que acababan de ver mis ojos y de sentir mi corazón no lo había sentido jamás. Solo la vez que mi madre me llevó a ver mi primera obra sentí algo parecido en el estómago y, desde entonces, supe que quise bailar y volar como aquellas bailarinas que parecían pura seda.


Cuando los vi bailar empecé a notar algo dentro de mí, algo fuerte, una especie de sentimiento, como una mezcla de todos los sentidos juntos dentro de mi estómago, algo así… como si mezclaras el chocolate y la nata, te lo llevaras todo a la boca y te parases durante unos segundos con los ojos cerrados para saborearlo mejor. Sí, eso es: es como el placer que te hace sentir esa mezcla de sabores dentro de tu boca… Pues algo parecido fue lo que yo llegué a sentir, una especie de placer dentro de mí, una corriente de calor que recorrió toda mi espalda. Aluciné en colores cuando vi moverse a las chicas y en especial a Marta, aunque todas parecían una sola; repito, increíble, pero Marta destacaba entre todos. Y ya ni qué deciros de cuando vi a los chicos compenetrarse de aquella manera entre ellos, sintiendo cada uno de sus movimientos y haciéndome sentir a mí y a mi cuerpo también. Cuando vi a Eric bailar me quise morir. Si con solo su mirada ya me provocaba… imaginad lo que podía hacer con sus movimientos.


En aquellos momentos no llegué a entender qué fue lo que me hizo salir de allí corriendo como un petardo; ahora he podido comprender lo que me pasaba. Y es que… yo era nueva en eso, nueva en sentir, en experimentar sensaciones. Y lo que empecé a notar en mi estómago no me era familiar. Me asusté y corrí como una tonta hasta que llegué a comprender que eso era agradable y que quería un poco más.


Y… ¿por qué no dejarme llevar?

Continúa aquí…

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✨¡Gracias por leerme! ✨

Algunos lectores dices:

Tamara⭐⭐⭐⭐⭐Si gusta Elisabet Benavent esta autora os va a gustar

He estado entretenida de principio a fin del libro. Una trama diferente a lo que he estado leyendo
últimamente. Me ha gustado la Evolución de la protagonista desde el principio que es cuando está pasando por un mal momento por la perdida de un ser querido y cuando va evolucionando por la amistad, el amor y por su pasión por el baile. Si os gusta Elisabet Benavent entonces también os gustará esta autora os la recomiendo.

Ana⭐⭐⭐⭐⭐Preciosa y emotiva!!!!

Una amiga me ha recomendado este libro y no he dudado en comprarlo. No soy una asidua lectora del género romántico, pero os aseguro que no será el último que lea de esta autora.

En esta novela conoceremos a Alex, una chica adolescente que ha sufrido un golpe muy duro del que no logra salir y, a mayores, su situación familiar no es la mejor ya que Alex siente que a sus padres no les importa como se encuentra ella. Su única vía de escape es la danza y su mejor amigo, Nico.
El personaje de Alex me ha encantado, pasó de ser una chica triste, algo indecisa, a ser valiente, luchadora que junto a sus nuevos amigos intentará conseguir sus sueños.
Escrito con un lenguaje cercano( personalmente algo que me encanta), muy fácil de leer es una historia de superación y sentimientos.
Muchas gracias a la autora por escribir novelas tan bonitas. Recomendable 100%

Pasado, presente y futuro

Texto inédito

En ocasiones escribo cosas que me vienen a la cabeza y otras veces escribo mis propias verdades.

Quiero regalarte este texto improvisado que acabo de escribir.

Espero que te guste. Allá voy…

Texto sobre el pasado, presente y futuro.


✨«En ciertas ocasiones mi propio pensamiento me juega malas pasadas convirtiéndome así en su esclava. Me hace revivir momentos que creía tener olvidados y son de esas veces que te preguntas ¿por qué ahora y no antes? ¿qué sentido tiene ahora si ya es pasado?

Pero hay momentos que dejamos de ser esclavos para controlar el tiempo y decidir centrarnos en el presente, en el ahora, sin mirar atrás ni adelante.
Qué ocurre cuando nuestros pensamientos se intensifican demostrándonos así el más allá, lo que hay después o lo que deseamos que pase…

Yo te lo voy a decir. Que seguimos siendo esclavos de nuestro propio pensamiento, que nos olvidamos del presente y que ese futuro incierto jamás llegará sino pasas a la acción. Porque la acción está en el aquí y en el ahora. Porque la acción está en ti y en tus actos. Porque el futuro depende del presente y debemos decir adiós al pasado para continuar viviendo aquí y ahora».

Pd: dedicado a vosotros, que me leéis cada día.


Y ahora te pregunto yo a ti…

¿Crees que somos esclavos de nuestro pensamiento?


¡Te leo en comentarios!

Dímelo bajito. Mercedes Ron (recomendación de libros)

Trilogía Dímelo

❤Mi lectura favorita en 2022❤

✨Ya sé, ya sé que el año aún no ha acabado, pero es que está saga ha dejado el listón muy alto entre las novelas que aún me quedan pendientes.
Y creo que va a ser muy difícil superar la historia de kami, Taylor y Thiago.

✨En pocas palabras…
¡¡Locaaaa!! Me ha tenido esta historia.
¿Os hacéis una idea de lo que me ha durado esta lectura?
24h cada libro, es decir, en tres día he engullido esta trilogía.
✨Hacía muchísimo tiempo que una novela no me entraba así de bien y ya lo necesitaba. Necesitaba volverme dependiente de una nueva historia. Y esta lo ha conseguido con creces.

✨Querida Mercedes Ron
Quiero darte la enhorabuena y hacerte la ola una y mil veces por haber creado algo tan auténtico, tan bien construido y tan bien narrado.
Pd: acabas de pasar a ser una de mis escritoras favoritas.
GRACIAS por dejarnos soñar despiertas.

❤Dímelo bajito
❤Dímelo en secreto
❤Dímelo con besos

Es una historia que trata temas muy interesantes, como es la infidelidad, los divorcios, el bullying, el acoso virtual, el sexo, la amistad, el amor, el odio… Pero sobre todo es un libro que te hace sentir desde la primera página. Es de esa clase de historias que en ocasiones te pone el vello de punta, en otras el corazón te late tan rápido que crees que vas a morir de infarto… Y es que lo bonito de todo esto es eso… Que las palabras te hagan sentir tanto que no puedas dejar de pensar en esa historia incluso después de leída.

✨No te voy a decir de lo que trata porque te recomiendo que la leas y te aseguro que te sorprenderá, te enamorarás y hasta querrás formar parte de esa historia.

Cuando la leas cuéntame que te ha parecido.
Y si la has leído cuéntame ¡YA!
¿Qué has sentido?

1. Dímelo bajito

Sinopsis:

ENAMÓRATE DE LOS HERMANOS DI BIANCO.

TUS MEJORES AMIGOS. TU MAYOR PERDICIÓN.

Kamila Hamilton lo tenía todo bajo control… o eso creía: no entraba en sus planes que los hermanos Di Bianco volviesen de nuevo para poner su mundo al revés.

Thiago fue quien le dio su primer beso.

Taylor el que siempre la protegió.

El regreso de los hermanos hace que la vida aparentemente perfecta de Kami se tambalee. Ella ya no es la niña inocente que conocieron: desde que se fueron, parece que nadie puede acceder realmente a ella… nadie excepto ellos.

¿Podrá resistirse Kami a la simple presencia de Thiago?

¿Qué sucederá cuando Taylor comience a mirarla diferente?

¿Estallará todo en mil pedazos una vez más?

Dímelo en secreto

Sinopsis:

Kamila Hamilton vuelve a tener a sus dos mejores amigos en su vida. El problema es que Taylor y Thiago Di Bianco ya no son simples amigos. Ahora son mucho más.

Thiago y sus ojos verdes la dejan sin respiración.

Taylor y sus ojos azules jamás la decepcionarán.

Los hermanos han crecido y junto a ellos lo que siente Kamila. Y ahora que su vida se desmorona por momentos, su familia se desintegra y sus amigas le dan la espalda, los necesitará más que nunca… a los dos.

¿Cómo reaccionará Kami cuando Thiago bese otros labios?

¿Será capaz de proteger a Taylor de sus propios sentimientos?

¿Cuánto tiempo más podrá mantener el pasado bajo llave?

Dímelo con besos

Sinopsis:

Kamila Hamilton debe decidir entre los dos hermanos Di Bianco: Thiago o Taylor… Taylor o Thiago. Escoger a uno significa renunciar al otro, pero ¿cómo puede dejar atrás una parte de sí misma?

THIAGO HACE QUE TOQUE EL CIELO CON LOS DEDOS

TAYLOR SABE QUE JAMÁS VA A SOLTAR SU MANO

Pero cuando Kami cree que por fin su corazón ha decidido, la pesadilla más real está a punto de comenzar.

¿ESTARÁN TAYLOR Y THIAGO A LA ALTURA?

¿PODRÁ EVITAR KAMI QUE EL AMOR ARRASE CON TODO?

¿QUÉ SUCEDERÁ CUANDO LA VIDA DECIDA POR ELLOS UNA VEZ MÁS?

Valoración: ⭐⭐⭐⭐⭐ 5/5

PROMOCIÓN DE SEPTIEMBRE

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¡¡Mes de descuentos en todas mis novelas!!

Entramos dentro de uno de mis meses favoritos. Septiembre es un mes de cambios, de vuelta a la rutina, mes de empezar una historia nueva, de escribir, de atardeceres más tempranos…
Por eso quiero celebrarlo con un descuento en todas mis novelas.
Os cuento más.

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¡Feliz lecturas de septiembre!

Tengo un whatsapp

Susana Rubio

❇️RESEÑA❇️

Empieza el tiempo de tumbarse panza arriba, tomar el sol, sentarse en la terraza y disfrutar del atardecer mientras devoras las páginas de un libro.

He empezado a terminar lecturas que tenía atrasadas.

✒️«Tengo un whatsapp» de Susana Rubio, es una novela de amor, muy fresca, que me ha tenido muy atrapada estos días. Es de ese tipo de libros  que enganchan hasta el final.

✒️Sí es verdad que me han parecido unos personajes muy típicos, como por ejemplo: chico muy guapo, exitoso, listo, con un buen puesto de trabajo, sexy, muy bueno en la cama… Y la típica chica que pasa desapercibida, que no se saca partido, que es muy guapa, lista y que ella no lo sabe.
Pero los personajes están tan bien construidos, la historia está tan bien narrada y tiene esos puntos que te hacen que no puedas dejar de leer que me ha encantado.

✒️La protagonista es Andrea, una chica con muchos prejuicios. Una fuerte rotura con su novio la hace viajar y empezar de nuevo. Cuando vuelve a España comienza su nueva vida. Se independiza y se marcha a vivir con su mejor amiga, se hace un tatuaje y consigue trabajo… Hay alguien muy especial que se le cruza en su camino: Víctor.
Y ya no cuento nada más porque te dejo a ti que lo descubras.

✒️Me han gustado mucho esos giros inesperados que han hecho que la historia se haga más interesante aún.

Así que si te apetece leer una historia actual, de amor y muy amena te recomiendo este libro.

¿Lo habéis leído? ¿Qué os ha parecido?
Sinopsis

Puntuación: 🌟🌟🌟🌟🌟

5/5

PROMOCIÓN DÍA DEL LIBRO

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¡¡FELIZ DÍA DEL LIBRO!!


Quiero celebrar este día tan especial con una SUPERPROMOCIÓN:


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Días 23 y 24

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Novelas a elegir:

Careciendo con Alex, Recuerdo para no olvidar, Nosotros al descubierto, Nosotros liberados.

CRECIENDO CON ALEX

Sinopsis

Alejandra Almenara, a la que todos llaman Alex, es una adolescente con ganas de comerse el mundo. A Alex siempre le ha gustado transmitir a través de sus movimientos y sus palabras. La danza ha sido su forma de vida. Alex ha crecido tan rápido que ha perdido años de su adolescencia siendo una persona gris, desganada y con los ánimos por los suelos… Pero Marta, Sara, Tina, Carlos, Albert y Eric le hacen conocer un mundo cargado de sentimientos y emociones. Junto a su mejor amigo: Nico. Alex solo busca encontrarse y ser feliz con lo que la vida le va dejando en su camino…

RECUERDO PARA NO OLVIDAR

Sinopsis

El tiempo… ¿Qué es para ti el tiempo? Para la protagonista de esta historia es algo tan importe como la vida misma. Porque ese tiempo se acaba y no sabe lo que le depararán sus días. Elena necesita recordar para no olvidar quién es, para no olvidar de dónde viene… Elena está perdida, tiene miedos, no sabe si todo saldrá bien o no, no tiene ni idea de si su enfermedad la consumirá o si hará que desaparezca para siempre. Ella solo está segura de una cosa… y es que no quiere morir sin que antes le hagan sentir. Elena no está sola, aunque lo crea, nunca lo ha estado… Silvia está ahí para abrirle los ojos y decirle las cosas claras, y Raúl para protegerla de todos los males. Pero ahí no queda todo… También está esa historia que comenzó como un sueño para luego convertirse en algo más que un recuerdo, recuerdo que terminó grabándose en un «nacimos para estar juntos». Recuerdo para no olvidar es una historia que te hará reír, pero también conseguirá hacerte llorar, y no solo eso… te hará pensar en esas cosas importantes de la vida que no debes dejar pasar y menos… olvidar.

❤ NOSOTROS AL DESCUBIERTO

Sinopsis

UNA NOVELA ROMÁNTICA CON UN TOQUE DE REALIDA QUE TE ATRAPARÁ HASTA EL FINAL

¿En algún momento de tu vida te has llegado a preguntar si realmente eres feliz…?

Nosotros al descubierto es una historia donde el pasado de cada protagonista se convierte en presente, un pasado que sin darse cuenta tendrán que superar para poder sobrevivir a ellos mismos.

Inseguridad, desconfianza, superación, amor y desamor son los principales temas con los que tendrán que lidiar.

Claudia se cierra al amor, quiere ser feliz aún acompañándola sus demonios del pasado.

Julia es un alma libre o eso cree, pero su historia la ata más de lo que ella imagina.

Víctor es de esa clase de persona que se niega a darle una oportunidad al amor, pero qué caprichosa es la vida que hace con nosotros lo que quiere… ¿verdad?

María arrastra un trauma causado por esta maldita sociedad, de pequeña sufrió bullying, pero puede que esté equivocada  y que su insomnio no tenga tanto que ver con eso y más bien con alguien en especial.

Cuatro vidas diferentes unidas por una amistad.

Un apoyo incondicional convertido en una única familia.

David es el director de la revista de sociedad más cotizada de todo el país… ¿Qué papel le tocará jugar en toda esta historia…?

Una novela que te hará pensar en tu propio pasado y preguntarte si realmente eres feliz… Espero atraparte hasta el final de sus páginas, pero aquí no queda todo, aún hay más…

NOSOTROS LIBERADOS

Sinopsis


¿Quién dijo que la sanación del alma, la mente y el corazón se encuentra en nuestra propia realidad y no en la revolución de nuestros pensamientos?

Aún queda un largo camino para que nuestros protagonistas aprendan a saber dónde está el error, qué es lo que de verdad quieren, cuál es su lucha, quiénes son en realidad…

¿Será Claudia capaz de dejar atrás sus demonios?

¿Conocerá Julia, por fin, el amor?

¿Se dejará llevar Víctor por el corazón?

¿Gritará María la realidad de sus pesadillas?

Ellos son parte de esta sociedad que cada día nos supera, nos amarra y nos guía por caminos que no queremos.

¿De verdad el final de cada historia está escrita o es un cuento chino?

Te dejo que lo descubras por ti mismo…

La liberación de cada uno de nuestros miedos o pesadillas está en nuestra propia mente. Liberar esa parte es rescatarnos de un pasado lejano, asimilar el ahora y abrazar el porvenir.

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Abril, es el mes del libro. Así que quiero celebrarlo de una manera muy especial.

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Creciendo con Alex
Sinopsis de Creciendo con Alex
Recuerdo para no olvidar
Sinopsis de Recuerdo para no olvidar
Nosotros al descubierto
Sinopsis de Nosotros al descubierto
Nosotros liberados
Sinopsis de Nosotros Liberados

«La vida está llena de historias que deben ser saboreadas»